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Marinera Nortena Peruana

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Marinera Nortena Peruana

Mensaje  soniafe el Jue Mayo 27, 2010 2:06 am


soniafe

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Que hermosa marinera norteña

Mensaje  leader369 el Dom Mayo 30, 2010 2:37 pm



Es sencillamene sensacional la forma como estas jóvenes disfrutan bailando esta marinera, esto es lo que muchos peruanos extrañamos estando lejos de nuestro país. Que viva el Perú!

leader369

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Marinera Norteña

Mensaje  leader369 el Dom Mayo 30, 2010 3:18 pm

]i]Son varias las teorías acerca del inicio de la marinera. Una de ellas sostiene que proviene de un baile colonial llamado Zamacueca muy popular en el siglo XIX y que llegó a Chile procedente del Perú en 1824 de alli se derivó la Cueca chilena.
La Cueca se hizo muy popular en sudamérica por eso a la Zamacueca Peruana se le apodó "la chilena". La Zamacueca en el norte se hizo algo muy simple pero en Lima se estilizó y se hizo más de salón.
Durante la guerra del Pacífico don Abelardo Gamarra "El Tunante" la renombró como "el baile de marinería" o "baile de la marinera", en homenaje a Miguel Grau y la Marina de Guerra del Perú, además compuso en Marzo de 1879 la primera marinera peruana llamada "La Antofagasta" que era el nombre de un puerto Boliviano ocupado por Chile.
En 1893 se compuso "Razgos de pluma", primera marinera para ser cantada acompañada por piano, la letra fué de José Alvarado "Alvaradito", la música fué de "EL Tunante" y la cantó Rosa Mercedes Ayarza.
La marinera norteña es sí representa un coloquio amoroso de una pareja en donde la dama usa su coqueta picardía, astucia e inteligencia para mostrar su afecto, en tanto el varón
la sigue, acompaña, acecha y galantea hasta conquistar a su pareja.
En cuanto a su vestimenta , generalmente en cada lugar del norte se usan los trajes típicos de su pueblo.
[/i]

leader369

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Tondero piurano

Mensaje  leader369 el Dom Mayo 30, 2010 3:49 pm



Hermosa forma de bailar un tondero pìurano. Cuanto gracia derrama la chica y que habilidad para mantener la prenda en la cabeza, mientras hace sus pasos de baile.

leader369

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Marinera Norteña

Mensaje  Ardan el Lun Dic 13, 2010 10:44 am

Información de Wikipedia, espero les sea de interés

Marinera norteña

Se desconoce su origen exacto. Adquirió características de bailes coloniales nativos norteños y fue conocida como marinera durante la independencia del Perú (1821).

En la marinera norteña el hombre baila con zapatos, en cambio la mujer, que representa a la campesina, no los usa. Con la práctica constante las plantas de los pies se curten y endurecen y las mujeres pueden bailar descalzas sobre suelos irregulares, ásperos y calientes sin que esto afecte la calidad del baile.

La marinera en el norte (departamentos de Lambayeque, La Libertad, Piura y otros) es ágil, airosa, elegante, libre, alegre y espontánea,[cita requerida] mostrando durante todo el baile un coloquio amoroso en el cual la dama coquetea con picardía, astucia e inteligencia expresando su afectividad, mientras el varón galantea, acompaña, acecha y conquista a su pareja. Este mensaje se desarrolla durante la ejecución del baile y es necesario que sea cantada como en el caso de la "Limeña", aunque también se puede bailar con banda de músicos. No debemos olvidar que se trata de un baile de contrapunto donde el varón y la dama deberán demostrar su destreza y habilidad. Cabe el hacer notar que esto último se está perdiendo ya que en los llamados "concursos" existe la tendencia de que las parejas coreografíen el baile para competir.

En lo referente al vestido típico de las damas debemos mencionar que no existen vestidos de marinera, sino más bien las bailarinas deben lucir vestidos típicos de los pueblos norteños que ejecutan este estilo de marinera, eso sí, bailando siempre con los pies descalzos. Es inaceptable el uso de zapatillas, ballerinas o cualquier clase de calzado para la interpretación de este baile.

En los varones es muy conocido el típico traje de chalán con su poncho de hilo y su sombrero de paja de ala ancha, pero también, en algunos pueblos del norte se usa el terno de dril blanco de costura simple, característica de toda la costa norte peruana. En cuanto al calzado este debe ser negro y de vestir.

Ardan

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Marinera Norteña (Cuento)

Mensaje  Ardan el Lun Dic 13, 2010 10:45 am

Marinera Norteña
Cuento

Se persignó y empezó a vestirse. El vestido era sencillo pero hermoso, delicado, elegante. Nada exagerado, sin esos vuelos y exceso de tela que dejaban de lado lo tradicional para convertirse en lucimiento, y que además dificultaban el baile.

Se miró al espejo y sonrió, mientras se acomodaba el cabello, se ponía los aretes y se maquillaba un poco. Era joven y hermosa.

Miró sus pies descalzos. Le gustaba caminar descalza, en casa y de cuando en cuando se escapaba así también por su vecindario. Salía a comprar a la esquina sin zapatos, sus vecinos y amigos ya estaban acostumbrados a verla así. Se sentía más cómoda y feliz al dejar sus pies libres. Alguna vez hasta se atrevió a ir y volver de la playa descalza, dejando sus sandalias en casa. El piso estaba caliente, muy caliente, pero pudo soportarlo. Le gustaba sentirlo así. Era una lástima que en Lima la gente fuese tan habladora. Era más por vergüenza que por otra cosa que no caminaba descalza en la calle más seguido. Si por ella fuese, viviría descalza...

Revisó las plantas de sus pies. Eran duras, flexibles, gruesas y curtidas. Años de práctica las habían convertido en cuero vivo. Le gustaban así, fuertes y resistentes. Era lo mejor, le permitían bailar en cualquier lado. Sus pies seguían siendo bellos. Eran largos y delgados, delicados, de dedos gráciles y arcos pronunciados. El polvo que se adhería a sus plantas, oscureciéndolas, no hacía sino realzar sus curvas, su forma, su belleza. Más de una de sus parejas de baile había admirado la belleza de sus pies y se lo había dicho. Ella, coqueta, respondía con un "gracias" y una sonrisa. Algunos incluso habían tenido el atrevimiento de pedirle que les dejara revisarle los pies. Ella accedía siempre, y se reía cuando ellos se sorprendían de lo duras que tenía las plantas de los pies. Pies de bailarina realmente. En la playa, sus amigas la molestaban y le decían que sus pies tenían suelas. ¡Envidia! Ella podía ir y venir en la playa y en el malecón descalza mientras que ellas tenían que ponerse las sandalias, por no poder soportar la arena y el suelo caliente, ¡ja ja ja!

Era hora de salir. Sería al aire libre, no había tarima, el baile se haría en la pista. Había mucha gente. Era medio día, en pleno verano. Ya sabía lo que le esperaba. No importaba, valía la pena y lo disfrutaría. Salió. Su cabello oscuro brilló bajo el sol. La sonrisa llenaba su rostro. El lugar para el baile estaba como a cincuenta metros del sitio en donde se había cambiado. La pista quemaba terriblemente, había estado absorbiendo el calor durante todo el día. Era áspera y caliente. Inmediatamente sintió el calor abrasar sus plantas. Dolía. No importaba, ella seguiría sonriendo, caminando con gracia, lentamente, hasta el centro, donde la esperaba ya su pareja. La gente aplaudía. No tenían idea de lo que costaba ir descalza en el pavimento áspero y caliente. Empezó la música y su corazón empezó a latir más fuertemente. Era su pasión, su amor, su deseo. El baile, la danza se apoderaron de ella y de él.

Empezó el coqueteo. El pañuelo dibujaba filigranas en el aire. Sus pies se movían gráciles y esbeltos. Frotaba con fuerza sus plantas en el cemento grueso, áspero y caliente que atormentaba sus pies. Seguía sonriendo, el dolor no importaba, pasaba a otro plano. La música continuaba y la pareja se desvivía en idas y venidas, en giros y requiebres, en coqueteos y retiradas. La gente seguía aplaudiendo, admirando la belleza de la danza, la maestría de los bailarines y la belleza de la joven. Sus pies se movían con gracia y salero, sus plantas estaban negras ya del polvo de la calle. Sólo sus arcos permanecían blancos y limpios. Era una visión hermosa realmente.

La música terminó. El público estalló en aplausos. Los bailarines se retiraron caminando lentamente hacia los camerinos improvisados. Los pies le dolían terriblemente, como cada vez que le tocaba bailar en lugares como estos. Pero no importaba, estaba feliz, lo disfrutaba y lo volvería a hacer, una y otra vez. La Marinera Norteña era su pasión, su amor.

Ardan

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Marinera Norteña - Pies de Bailarina

Mensaje  Ardan el Lun Dic 13, 2010 10:45 am

MARINERA NORTEÑA - PIES DE BAILARINA
(Cuento)


Y la Campeona de Campeonas de este año es...

¡Karla Koepke!

Los aplausos estallaron entre el público, en medio de una algarabía de pañuelos blancos...pero también entre murmullos de descontento. Sí, la bailarina era hermosa. Su vestido impecable, su técnica también... al igual que su abolengo. Pero le faltaba algo...le faltaba pasión.


Madeleine García lloró amargamente. Por segundo año consecutivo su sueño de alcanzar la gloria, el primer lugar, se veía truncado. Amaba la marinera, era su pasión, su amor de toda la vida. Por eso no usaba un vestido caro ni ostentoso, sino un sencillo anaco...no quería que el vestido alterara los pasos, los movimientos, buscaba algo más natural, más acorde a las raíces de la danza. Pero parecía inútil. Su belleza sencilla era superada por la hermosura de su baile, que rebosaba pasión por todos lados, dedicación y entrega...pero eso no bastaba a los ojos de los jueces. En fin, todo había terminado por ahora..

-¡Madeleine, Madeleine!

Una periodista curiosa, micrófono en mano, le hablaba apurada.

-Te confundiste, la Reina está por allá

-No, no, quiero hablar contigo, entrevistarte


Una periodista joven, inexperta seguramente. Como de su edad. Recién graduada de seguro.

Madeleine se enjugó los ojos llorosos, intentó una sonrisa y dijo

-Bueno pues

-¡Gracias!

-Madeleine, ¿qué se siente quedar segunda otra vez?

Pregunta tonta...en fin, no era su culpa, era la pregunta lógica

-Rabia. Impotencia. Dolor. Es duro, ¿sabes?

-Sí, me imagino. ¿Entrenaste mucho?
-¡Muchísimo! Ni te imaginas. Todos los días, más de tres horas diarias, durante los últimos seis meses.
-Madeleine, la gente no sabe lo que cuesta bailar Marinera Norteña, lo duro que es...yo misma he bailado un poco, y es difícil
-Sí que lo es, pero cuando amas algo, nada se hace difícil

La periodista sonrió, y Madeleine también. Habían hecho conexión, había empatía entre las dos muchachas. Hablaban de lo mismo. Sería inexperta tal vez, pero se veía que de verdad le gustaba la marinera.

-Cuando tú bailas se nota pasión, cariño por el baile
-¡Gracias!
-Cuéntanos Madeleine, para el público, ¿no es muy difícil bailar sin zapatos?

Madeleine miró sus pies desnudos, y sintió de repente cómo le palpitaban... hacía tiempo que no les prestaba atención, ya no le importaba el dolor, los ensayos repetidos...todo lo que importaba era bailar.

-¿Sabes? Ya no se me hace difícil bailar descalza, al contrario, me es más fácil moverme que con zapatos. Al comienzo, cuando recién empiezas, te haces heridas, no puedes doblar tus pies. Los pies te duelen mucho, hasta que poco a poco ya no duelen tanto. Los pies se maltratan mucho, las uñas pierden ese brillo natural. Las plantas de los pies se curten y se llenan de callos, se vuelven un solo callo, duro, áspero.

-¿Tanto así? Interrumpió, curiosa, la periodista

-Mira

Madeleine se arrodilló en el suelo dejando ver las plantas de sus pies. ¡Poncha, poncha! se escuchó en off, mientras el camarógrafo hacía un primer plano y un excelente acercamiento de
los pies de la muchacha. Estaban negras, a excepción de los arcos. Sus pies eran largos y delgados, elegantes, estilizados. Los dedos, algo alargados. Sus arcos eran pronunciados y eran la única parte en donde la piel permanecía limpia.

Otro acercamiento más. A pesar de la suciedad, las plantas se veían duras, ásperas, como si fuesen de cuero.

-¿Puedo?

-Claro, pero están sucios - dijo Madeleine

Con cuidado, como si tocase una reliquia, algo sagrado, la periodista sacudió las plantas de Madeleine. Retiró asustada la mano al sentir la piel dura y correosa, áspera, pero luego la acercó de nuevo mientras miraba a la cámara.

-Tenemos la oportunidad única de ver los pies de una verdadera bailarina, una verdadera campeona de nuestra Marinera. Los pies de las chicas son los grandes olvidados en estas competencias, pero son quienes llevan todo el peso y la responsabilidad de nuestra danza, que vemos lucir en estos concursos. Madeleine nos ha permitido gentilmente ver sus pies. Estoy tocando sus plantas y se sienten duras y ásperas, algo gruesas, parecen curtidas.

La muchacha agradeció con sinceridad y se puso en pie, mientras la cámara tomaba un último acercamiento de los bellos pies de Madeleine. Esta se puso de pie nuevamente, pensando que la entrevista ya había terminado.

-¿Y cómo ensayas Madeleine, cómo lograste poner tus pies así de fuertes?

No, no había terminado, la entrevista seguía. Bueno, hablaban de Marinera, y eso era lo que le gustaba.

-Ensayo todos los días. En mi casa hay espacio vacío, una habitación que no hemos terminado de construir aún, que todavía está en falso piso. Es cemento áspero y allí siempre practico.

-¿Bailas en cemento áspero? ¡Pero si eso es como lija!

Madeleine sonrió

-Sí, más o menos, y también practico en la pista de las avenidas por mi casa, y en piso de tierra, donde pueda, ¿sabes? es para que cuando vayas a un lugar donde nunca has bailado no te duela tanto.

-¿Y el calor, no te molesta?

-Varias veces me ha tocado bailar en patios de colegios, y en verano se ponen muy calientes...pues bailo un poco más rápido a veces. Nunca terminas de acostumbrarte al calor, pero al menos lo intento, caminando en el techo de mi casa al medio día, cuando hace mucho sol.

-¿Y no quema?

-Para qué te voy a mentir, sí, sí quema.

-¿No duele bailar sin zapatos? A mí me cuesta...

Madeleine sonrió. Y de pronto dijo.

-No soy de estar quejándome. Una ensaya, y duele, pero el dolor se va.
Cuando una baila ya no siente el dolor, siente mucha alegría. Bailar marinera no es sólo la alegría de bailar sino el coquetear a la persona, a tu pareja, y luego él te coquetea también y eso es algo espontáneo, no es forzado, es bonito y te anima a seguir bailando, a coquetearle con los pies.

Para una bailarina el dolor de los pies no es lo importante, lo importante es que te salga bien, disfrutar del baile, entregar el todo por el todo. ¿Sabes? En los pies de una profesional ya no hay piel, todo es suela, todo es callo como ya te has dado cuenta.

-¿No es duro?

-Antes me daba mucha pena ver mis pies así, pero ahora ya no. Tener las plantas callosas, curtidas es el reflejo de un buen trabajo, de mucho trabajo, como no te lo imaginas. A mí me gusta que las plantas de mis pies estén llenas de callos para bailar donde quiera bailar. Una bailarina debe de estar siempre preparada.

-Eres increíble Madeleine, siempre te he admirado y me encanta cómo bailas tan lindo. ¿Vas a prepararte para el próximo año?

Madeleine se quedó en silencio. El próximo año. Una bailarina debe de estar siempre preparada. Tenía que ganar el próximo año, si Dios así lo quería. Y en eso, miró un ratito al cielo, bajó la mirada y dijo.

-No volveré a usar zapatos hasta ser Campeona de Campeonas.

La periodista se quedó muda. El camarógrafo enfocaba el rostro de Madeleine mientras decía estas palabras. La muchacha lucía firme, decidida. Hablaba en serio.

-Gracias, muchas gracias. Esta fue Madeleine García, quien ha prometido no volver a usar zapatos hasta ganar el concurso. ¡Suerte Madeleine!

***

-¡Hijita, estás loca!

-¡Ay mamá!

-¿Pero cómo que no vas a volver a usar zapatos hasta que ganes el concurso? ¿No hablabas en serio, no? ¡Jesús! ¡Pero si lo has dicho en televisión, qué va a decir la gente!

-Mamá, sí hablaba en serio. No sé, se me ocurrió en ese momento, me nació, pero sí hablaba en serio.

-¿Y tus clases, tu trabajo? ¡Los vas a perder!

¡Madeleine, Madeleine, Madeleine!

Una multitud se agolpaba frente a la casa, coreando su nombre. La muchacha salió sonriendo mientras la levantaban en vilo.

¡Tú eres nuestra reina! ¡Madeleine, Madeleine, Madeleine!

***

No fue tan difícil después de todo. Sus pies curtidos estaban acostumbrados a bailar. Caminar en la calle sin zapatos no le era difícil. Pero sí las miradas. La gente soberbia. Las miradas que juzgaban, que acusaban. Pero eran pocas. La muchacha, en polo y jeans remangados, caminaba descalza por la calle, con su mochila al hombro.

Al entrar a su clase de 8vo. ciclo, el profesor se le acercó.

-Señorita García, acompáñeme un momento.

¿Qué pasaba?

Juntos fueron a la oficina del Decano.

-Siéntense por favor

-Señorita García, en primer lugar la felicito por su desempeño en el concurso, nos llena de orgullo.

-Gracias señor

-Y su voto, su promesa de no usar zapatos hasta ganar...
-Señor, le explico...
-Permítame continuar por favor. Su promesa de no volver a usar zapatos hasta ganar... pues, bueno, es algo radical, déjeme decirle...pero también es algo valiente. Quiero que sepa que cuenta con todo nuestro apoyo, le aseguro que esta casa de estudios no le hará ningún problema por venir a clases descalza.

La cara de Madeleine se iluminó con una sonrisa, mientras una lágrima furtiva humedecía su mejilla.

-¡Gracias señor!

En su trabajo como cajera a medio tiempo en un supermercado la recibieron con vítores. Se le veía linda con su uniforme y descalza. El administrador le ofreció su apoyo en una sencila reunión que terminó con el aplauso de sus compañeros. Estaban orgullosos de "su" Madeleine. Las señoras que hacían cola para pagar en su caja a veces le preguntaban.

-¿Y no tienes frío en los pies?
-A veces, pero una se acostumbra.
-¡Vas a ganar en el próximo concurso!
-¡Gracias señora!

***

Y así transcurrió el tiempo, entre ensayos y ensayos, clases y exámenes, trabajo y más trabajo. Madeleine se acostaba exhausta por las noches. En clases sus amigos le hacían bromas de vez en cuando sobre sus pies, pero eran de buena fe y ella sólo se reía o les hacía bromas también. En el verano tuvo que caminar rapidito en la calle al medio día, el piso quemaba como una plancha y a ella no le quedaba otra opción que irse a la sombra o apurar el paso para no quemarse demasiado. Era rico llegar al supermercado y sentir el suelo fresco y pulido que le aliviaba los pies cansados.

Vivir descalza, los ensayos constantes, el baile habían curtido aún más las plantas de sus pies, que ya eran de verdadero cuero vivo. Su pareja le masajeaba los pies cansados al final de cada ensayo, a veces ella se quedaba dormida mientras él le sobaba los pies.

Hasta que llegó el concurso otra vez. Pasión. Valor. Amor. Baile. ¡Marinera! Fue clasificando y llegó a las finales otra vez. Puso el todo por el todo, se entregó hasta el último zapateo, el público la ovacionó de pie, aplaudiendo a rabiar.

-Y la ganadora de este año es....

Y se escuchó otro apellido rimbombante, otro rostro radiante, otro vestido de lujo. Madeleine volvía a quedar en segundo puesto. La multitud enmudeció, pero el fallo de los jueces era inapelable.

Madeleine miró al cielo y musitó.

-Si así lo quieres.

Y pensó...otro año más descalza... Sonrió. Volvería a ensayar. Volvería a intentar. El próximo año sería SU año. Lo sabía. Y, después de todo...no era tan malo vivir sin zapatos. Realmente, le gustaba.


FIN

Ardan

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